Confesiones de una mujer consciente

Confesiones de una mujer consciente

Cada día me preguntaba… ¿cómo he llegado hasta aquí? ¿cómo he podido aguantar tanto tiempo? ¿cómo es que renuncié tanto a mi verdadera esencia? ¿cómo he podido darme la espalda? ¿cómo puede rechazar justamente aquello que tanto amaba, lo que realmente me movía y me hacía ser yo?

Cuando dejé de amarme

Con el tiempo pude hallar la respuesta, estaba claro: había dejado de amarme. Dejé de quererme para querer a los demás antes que a mí misma y me olvidé de mis verdaderas necesidades, para cumplir los deseos del resto del mundo, para hacer lo que la sociedad se supone que esperaba de mí… y no lo que realmente yo necesitaba para sentirme feliz.

No me quise lo suficiente, ni de una forma demasiado buena, me autoengañaba constantemente y no pude ni quise aceptarme; para ello iba llenando mi gran vacío interior con relaciones sentimentales que no llegaban a nada de lo que verdaderamente mi alma necesitaba, pero sí mi mente (o mi ego) que me hacía creer que tenían sentido y eran 100% auténticas y reales. Ahora, tras un largo aprendizaje, puedo ver con total claridad que han sido maestros que han pasado por mi vida para enseñarme más acerca de mi propia forma de ser, me han ayudado a conocerme, pero solo cuando por fin pude ser capaz de  reconocerlo/ reconocérmelo y sentirlo.

Agradecida a la vida ahora por ello, pero madre mía cuánto me duele haberme entretenido tanto en el camino y mientras tanto haber pasado tan poco tiempo conmigo. Un precio bastante alto que he tenido que pagar para mi aprendizaje. Cuántas lágrimas y berrinches he vivido (como diría mi terapeuta María, a la que agradezco profunda y eternamente su ayuda).

El amor ha sido mi maestro

Ahora sé algo que antes no sabía: soy mucho más fuerte y más valiente de lo que pensaba. El Amor ha sido mi gran maestro. Amo al amor y amo a la gente que se ama y ama ilimitada y sanamente sin pedir nada a cambio.

Así que bien, es el Amor a mí misma el que me ha hecho volver a mi verdadero hogar, ha sido el que me ha dado las garras necesarias  para afrontar cualquier cambio que quiera realizar de forma voluntaria o cambios que se han dado de forma involuntaria y me ha ayudado a  flexibilizar para una mejor calidad de vida; pero sobre todo me ha dado esa valentía y empoderamiento para reactivarme (a mi ritmo), retomando gran parte de mi esencia como es el movimiento  y el baile.

Cierra los ojos… y confía

Poco a poco, el amor ha hecho que no renuncie más a esa y a otras parte de mí, que ame mi esencia, que no me ponga límites ni barreras para ser yo misma . Hace tres años inicié una búsqueda profunda, y me prometí que empezaría a quererme más aunque he de reconocer que apenas me lo creía y tampoco sabía de qué se trataba exactamente. Y mucho menos cómo sería el proceso, cuál sería la manera, por donde empezaría… así que como no tenía ni idea de cómo hacerlo empecé a creer más en mi intuición.

Primer destino: Italia

Seguí mi intuición y ella me dijo que viajara sola… y  lo hice, empecé viajando sola a Florencia y Capri por dónde iba divagando sin norte, sin brújula más que la de un corazón destrozado por no amarse y darse su lugar. Después me reencontré con una amiga en Roma y allí me dejé cuidar porque yo no podía más y seguía confundiendo que el dolor que sentía era sólo por ver la realidad de una ex -relación toxica que parecía que acababa y luego no terminaba, pero verdaderamente la relación tóxica era conmigo misma. Y en realidad la responsabilidad no era suya solamente como siempre pensé. Pobre de mí por haber creído eso, y pobre de él que le tocó soportar su parte de responsabilidad en la relación junto a todo lo que me pertenecía a mí y era mi responsabilidad, pues le volcaba gran parte de mi frustración personal a él desde mi inconsciencia.

Segundo destino: Bali

Yo no era feliz conmigo misma, imposible ser feliz en una relación sentimental cuando no estaba bien conmiga misma. Luego seguí viajando para ayudar a sanar la falta de amor tan grande que tenía hacia mí misma y acabe con otra amiga en Bali, donde comenzó parte de mi revolución. Indonesia , Sri Lanka y Maldivas fueron la culminación de una verdadera revelación hacia quien era yo.

Tercer destino: Sri Lanka y Maldivas

En mi último viaje, con la ayuda de mi mentor Alberto Apolo y luego compañero de vida y de viaje, mi amor, pude conocer un amor que trasciende cualquier barrera, un amor de esos de quinceañeras  o preadolescentes, inocente y de los que llenan el corazón y alimentan el alma. Pero estoy segura que nada de esto se hubiera dado si yo antes no me hubiese amado de verdad. 

Me encontré desde dentro y encontré al amor, porque me empecé a amar sin prejuicios, sin límites, con total sinceridad hacia mi misma. Empecé a perdonarme y a sanarme mientras vivía la historia de amor más increíble  y pura de mi vida a los 34 años.

Reprogramando creencias

Aún sigo aprendiendo, no paro de hacerlo, no paro de aprender a respetarme, priorizarme (que me sigue costando muchísimo) por mi tendencia a poner al otro por delante (una creencia y mala asociación) que he hecho desde muy pequeña, pues mi cabeza concebía que eso era lo mejor, lo correcto y lo deseable socialmente. Y quizás es lo que más daño me ha hecho siempre. Una variable en gran parte también cultural: “una buena mujer ha de estar siempre y darlo todo para todos”. Y ella, lo último. 

Generalmente, existe una tendencia a ser así aunque obviamente hay excepciones, pero yo he de reconocer que estaba en ese movimiento muy inconsciente. Y en mi mente y en mis conductas estaba muy impregnado ese tema cultural con respecto al “sacrificio” que la mujer ha de hacer para ser una mujer 10 según la sociedad lo ha estipulado así de manera transgeneracional.

Esas creencias aprendidas de forma implícita siguen estando muy presentes en mi mente, pero ahora de forma muy consciente y sigo trabajando en ello con la gran ayuda de mi amor, en nuestro día a día.

Para amar tienes que amarte

Mi amor (Alberto) me recuerda siempre que yo soy lo primero y gracias a él puedo aprender cada día más acerca de mí con respecto a este tema y otros muchos.  Somos un equipo en constante aprendizaje y buscamos el equilibrio en todo lo que nos favorece a ambos a crecer y evolucionar juntos, de la mano.

Tengo la gran suerte y fortuna de tener al lado a un hombre maravilloso que además me impulsa siempre a ofrecerme lo mejor de mí. Que mientras mejor y más me ame, más podré dar a los demás y por ende, más feliz me hará esta relación bidireccional.

Ahora es mi/tu momento

Ahora no tengo nada que ver con la Ana de hace tres años (sobre todo). Antes me sentía menos capaz de todo, más pequeña y apenas confiaba en mí a nivel profesional . En mi interior existe un potencial, que por fin, empieza a desarrollarse, quedando los miedos y las inseguridades atrás.

Antes me encontraba como una espectadora de mi propia vida, soñando lo que quería pero no accionaba nada. Ahora he empezado a materializar  bastantes cosas de las que tenía en mi mente gracias a ser consciente de lo que quiero y por fin he de reconocer que ya no quiero ser más una persona que no tiene nada que ver con su vida.

Empiezo (insisto) a mi ritmo, conociéndome  y muy poco a poco he ido derrumbando falsas creencias y esa timidez conmigo misma para amarme como necesito y me merezco pues lo que más me ha impedido focalizar mi proyecto de vida y diseñar mi vida (alineada con mi verdadera esencia e ir a por todas para darme lo que necesitaba) ha sido un pensamiento distorsionado que se ha forjado en base a una sistema de creencias caduco y obsoleto.

Y ahora me doy cuenta a mis 35 años recién cumplidos que todo se puede, que debemos hacer todo aquello que una quiera hacer con el corazón para sentirse viva. Esta ha sido la nueva creencia que (junto con otros aprendizajes) me ha permitido retomar aquella vida que dejé de lado a los 18 años.

Dejar de amarme y cuidar mi alma, así como escuchar a mi corazón fue lo que me impedía ser feliz.

Sigo en el camino, en una transición muy profunda que nunca antes había conocido porque nunca había estado tan cerca de mí (y ahora con un bagaje y madurez diferente a la de hace años). Eso sí , en el camino intento llevarlo de la mejor forma posible pues a veces renacen grandes frustraciones y enfados conmigo misma, porque no quiero seguir perdiendo mi tiempo.

Siento que el tiempo se gasta, que la vida sigue su curso y yo no quiero pasar de puntillas por ella, haciendo lo que la mayoría y escondiendo gran parte de mi verdadero yo por miedo al que dirán o miedo al rechazo. Lo único que debería importarnos es seguir los dictados de nuestro corazón, dejando de lado todos esos frenos y esas barreras mentales que tanto nos limitan y que tanto daños nos hacen y que lo único que nos han hecho es justo eso, poner límites a nuestra auténtica felicidad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *